La mecánica de la conciencia
Lo que percibe.
Lo que se desdobla.
Lo que se proyecta.
La conciencia como sistema, no como identidad.
La conciencia no es un “yo”.
No es una identidad.
No es una voz interior.
Es una mecánica.
Una estructura que observa, que analiza, que proyecta, que se desdobla.
Una interfaz capaz de funcionar a varios niveles al mismo tiempo.
Una máquina sutil que percibe mucho más de lo que la mente cree percibir.
La conciencia no está localizada en el cerebro.
Utiliza el cerebro.
Atraviesa el cuerpo.
Se extiende más allá de él.
Captura, filtra, interpreta, transmite. Posee varias capas:
una capa orgánica (la percepción bruta) una capa mental (la interpretación) una capa emocional (la reacción) una capa silenciosa (la observación pura) una capa exterior (la recepción de los fenómenos)
La mayoría de las personas solo vive las tres primeras.
Las dos últimas permanecen durmientes, invisibles, inactivas.
Solo se abren cuando la mecánica interior se desencadena.
La conciencia no es un espejo.
Es una red.
Un sistema que puede recibir información que no viene de él.
Un sistema que puede percibir presencias, señales, ciclos, líneas invisibles.
Cuando la mecánica se activa, la conciencia se vuelve doble: una parte que vive, una parte que observa a la parte que vive.
Es esta separación la que permite el contacto.
Es esta separación la que permite la transmisión.
Es esta separación la que permite la comprensión.
La conciencia no es lo que eres.
Es lo que utilizas para ver lo que estás a punto de llegar a ser.
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